Después de esa operación mi padre cambió de humor. Se volvió más apacible y menos iracundo. Sus amigos decían que habían sido esos doce litros de sangre los que lo habían cambiado. Que le habían pasado el humor de otras personas y eso lo había hecho tener ahora un carácter más tranquilo. Eso la ciencia no lo puede explicar, y la psicología dirá que el miedo a la muerte y sus tres semanas en terapia intensiva lo hicieron reaccionar. No creo que mi padre siquiera pensara en estas opciones. No hay respuesta. Solo una narrativa que hacemos de los hechos vividos. Me gusta pensar que a mi padre le cambiaron el carácter esos doce litros de sangre de un hombre apacible que fue feliz.